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martes, 6 de enero de 2015

domingo, 24 de junio de 2012

[Vídeo] Kaosenlared entrevista al filósofo marxista Iñaki Gil de San Vicente

Aprovechando su paso por Andalucía, donde ha estado impartiendo una serie de conferencias y charlas en diferentes ciudades, entrevistamos a Iñaki Gil de San Vicente. Charlamos con él sobre la realidad de Euskal Herria, las consecuencias de la crisis del capitalismo, el futuro de la izquierda, etc... Entrevista: Pedro Honrubia Vídeo y edición: Jorge Baeza Fuente: Kaos en la Red

martes, 24 de agosto de 2010

No contéis con que Oracle mantenga vivo OpenOffice.org

La compra de Sun por parte de Oracle hace unos meses sigue poniendo de relieve el peligro que corren varios de los proyectos Open Source que anteriormente habían estado a cargo de una empresa que claramente defendía esta filosofía de desarrollo.

domingo, 15 de agosto de 2010

Diamantes de sangre

por Fede de los Ríos

Si lo que da valor a una mercancía es la cantidad de trabajo acumulado que encierra, lo que la abarata a nuestro bolsillo es la cantidad de sangre, sudor y lágrimas de otras gentes que, asimismo, encierra.

lunes, 2 de agosto de 2010

La selección Colombia neoliberal

por Aurelio Suárez Montoya

Cuando Juan Manuel Santos fue nombrando –uno por uno– los miembros de su gabinete ministerial, el país más informado notaba que era gente con credenciales en el más genuino neoliberalismo. No sólo los del área económica; es factor común en todos los escogidos, empezando por el del Interior.

miércoles, 7 de julio de 2010

Slavoj Zizek: cuando la comedia es peor que la tragedia original



En este nuevo análisis del siempre brillante Slavoj Zizek (First as Tragedy, then as Farce, Primero como tragedia, después como comedia), se le da una poderosa vuelta de tuerca a la actual crisis global y al modelo capitalista que nos ha sumergido en ella. Este portentoso intelectual, sostiene que la idea neoliberal del final de la historia propuesta por Francis Fukuyama a principios de los 90, ha tenido que morir dos veces. Primero tras la mañana del 11-S que marcó el colapso de la utopía política neoliberal y neocon, y luego con el colapso de la utopía económica del capitalismo global de fines de 2008.

martes, 17 de noviembre de 2009

Mozart, los derechos de autor y el robo de leña

Àngel Ferrero
Sin Permiso


«Puede que no se haya explicado bien su trabajo [de la Sociedad General de Autores y Editores], pero es fundamental para proteger a los creadores. Mozart vivía en la miseria por no tener derechos de autor. Si los hubiera tenido, él y su familia hubieran vivido mejor y él hubiera sido más libre para crear». Son declaraciones de Ángeles González-Sinde, ministra de Cultura, en Los desayunos de RTVE, recogidas por el diario Público [1].

Como analogía resulta sorprendente porque, lejos de aclarar lo que pretendía –la función de la SGAE–, contribuye a la desinformación general con un anacronismo, engalanado de falacia a la autoridad –pues ¿quién va a oponerse a que Mozart componga libremente sus geniales partituras?–, que en el mejor de los casos no ilustra más que el desconocimiento de quien lo ha enunciado.

Efectivamente, Mozart no tenía derechos de autor. La primera legislación en regular los derechos y contratos de publicación literarios, el Statute of Queen Anne, se aprobó en 1710 en el Reino Unido por la presión de los libreros, principalmente del Conger, que tenían el monopolio –bendecido por la corona británica– sobre la publicación y que veían como una amenaza la competencia de los editores extranjeros (y señaladamente los escoceses) [2]; en Alemania no se promulgó una ley similar hasta 1794. Pero en cualquier caso Mozart no podía beneficiarse de ella: murió en 1791 y era ciudadano austríaco.

Repárese por un momento en las fechas de ambas leyes: no son casuales, sino que guardan relación con el particular desarrollo socioeconómico de las naciones que las aprobaron. La «lucha por los derechos de autor es reflejo –escribe el historiador del arte José-María Durán Medraño– de los debates acerca de la reorganización del mercado literario» y estos son, a su vez, reflejo de las transformaciones en la estructura social de un país:

«En una sociedad que se dispone como sociedad productora de mercancías, es decir, como productora de valores de cambio, este artista que engendra la belleza, o lo agradable o lo interesante, fue bien pronto consciente de que su producción estaba circulando en un mercado que él no podía dominar. Comienza así la lucha por demostrar el valor que los productos artísticos incluyen cuando son dados a un mercado, comienza así la historia de la reivindicación intelectual del producto artístico, la historia de los derechos de propiedad intelectual y del copyright».

«La discusión en torno a los derechos de propiedad intelectual […] supuso para el artista el acceso a la propiedad privada del hecho creativo (paralela a la constitución de la propiedad privada burguesa o de la propiedad privada de los medios de producción capitalista), que no se refiere al hecho material de la propiedad en sí sino más bien al hecho del derecho a la propiedad sobre lo intelectual que esa obra transmite, esto es, a la propiedad sobre la producción de sentido o significado».

«El hecho mismo de esta propiedad ha posibilitado, lógicamente, la exigencia de un pago por los derechos de reproducción o uso de lo reproducido» [3].

No parece ser ése el caso de la Austria de Mozart: difícilmente podía darse un derecho positivo que es la expresión de una relación social determinada en una sociedad civil que todavía no la ha desarrollado plenamente.

En este sentido, la frase “de haber tenido derechos de autor, Mozart y su familia hubieran vivido mejor y él hubiera sido más libre para crear” tiene la misma validez, desde un punto de vista histórico, que “de haber tenido un sistema con separación de poderes y contratos estipulados por ley, los siervos de la gleba de la alta edad media hubieran vivido mejor y hubieran sido más libres”, o sea, ninguna.

Es más, le conduce a uno a preguntarse por qué no existió ningún genio en ninguna parte del mundo que inventase los derechos de autor o pidiese la abolición de la servidumbre hace dos mil años y nos hubiese ahorrado siglos de sufrimiento humano. Pero incluso dejando todo esto de lado, que no es poco, sabemos por el ejemplo del Estatuto de la Reina Ana arriba mencionado que los beneficiarios fueron en todo caso, y por aplastante mayoría, los editores y no los autores.

No hay ninguna razón de peso para creer, como se sigue de esta hipótesis trivial, que, de haber gozado de derechos de autor –entiéndase: tal y como hoy se conciben–, fuera de un sistema de mecenazgo (ya fuese la corte de Salzburgo o la aristocracia vienesa que lo financió hasta la guerra con Turquía) y produciendo para un mercado artístico moderno, Mozart hubiese vivido mejor y hubiera compuesto más libremente. Los derechos de autor privativos son un producto histórico y, como tal, sujetos a cambio.

Si las nociones de originalidad y propiedad intelectual son un viejo objeto de controversia tanto en el terreno del derecho como en el de la filosofía de la estética, puede decirse que la introducción de las nuevas tecnologías digitales ha agudizado las posiciones del debate, al permitir la creación de una obra artística o intelectual colectiva incluso a un nivel supranacional o atenuar las fronteras entre un productor (activo) y un consumidor (pasivo) [4].

Por eso sorprenden también tanto las declaraciones de González-Sinde, porque ella misma recordaba que «nos enfrentamos a un momento muy difícil, en el que se está produciendo una transformación tecnológica y digital que afecta directamente a la difusión de las películas, a la forma de verlas y se hace necesario actuar, de hacer accesible la cultura a todo el mundo, porque una película o una obra que no se ve no tiene sentido».

Pero mientras el Ministerio de Cultura brasileño ha optado inteligentemente por impulsar las licencias Creative Commons, su homólogo español ha adoptado los argumentos de a quienes Lessing define como “guerreros del copyright”, defendiendo más los intereses corporativos de editoriales, productores cinematográficos y discográficas (no sólo españolas: las estadounidenses llevan presionando al Gobierno desde hace tiempo en este sentido) que los de los autores y la ciudadanía en su reivindicación de garantías para un acceso generalizado a la cultura:

«¿Por qué deberíamos esperar a que el Congreso “reequilibre” nuestros derechos a la propiedad? ¿Es que tú tienes que esperar antes de llamar a la policía cuando te roban el coche? ¿Y, para empezar, por qué tendría que deliberar el Congreso sobre los méritos de este robo? ¿Es que nos preguntan si el ladrón de un coche lo usó bien antes de arrestarlo?» [5].

El lector español estará familiarizado con estos argumentos. En las salas de cine se proyecta antes de cada película un anuncio institucional que ilustra justamente esa misma comparación.

Sin embargo, la falta de proporcionalidad entre ambos hechos no convence a ningún espectador, que recibe el mensaje entre el tedio y la indiferencia más absoluta, y, por lo demás, trae al recuerdo el sagaz comentario de Marx con respecto a los debates en 1842 sobre la Ley acerca del Robo de Leña en la Dieta Renana, en que se hacía eco del proceso de creciente privatización de las tierras de uso comunal, cuyo secular uso y derecho se pretendía transformar en delito:

«Inmediatamente, al comenzar el debate, un diputado de las ciudades se opone al título de la ley, por el que se extiende la categoría de “robo” al simple debate forestal.

Un diputado de la nobleza responde “que precisamente por no considerar un robo la sustracción de leña, ésta ocurre tan frecuentemente.”

Según esta analogía, el mismo legislador tendría que razonar: por no considerar un golpe mortal a las bofetadas son estas últimas tan frecuentes. Por lo tanto, hay que decretar que una bofetada es un golpe mortal»
[6].

Como escribe más adelante el propio Marx: «El objeto es diferente, la acción en referencia al objeto no es menos diferente, y la intención por lo tanto tiene que ser también diferente, ¿pues qué medida objetiva le pondríamos a la intención que no fuera el contenido y la forma de la acción? Y a pesar de esta diferencia esencial denomináis a ambos robo y los penáis como tal» [7]. El debate, allí como aquí, se clausuró desde arriba con la aprobación de la ley. Y, allí como aquí, las consecuencias y las preguntas que suscitaba, resultaron predecibles:

«Así como no conseguiréis forzar a que se os crea que hay un delito donde no hay ninguno, conseguiréis en cambio que el propio delito se transforme en un hecho justo. Habéis confundido los límites, pero os equivocáis si creéis que la confusión obra sólo en interés vuestro. El pueblo ve la pena y no ve el delito, y puesto que ve la pena donde no hay delito no verá ningún delito donde haya una pena. Al aplicar la categoría de robo cuando no debe ser aplicada, también la habéis desfigurado en los casos en que tiene que ser aplicada».

«¿Y acaso no se elimina a sí misma esta brutal opinión que mantiene una determinación común en acciones diferentes y hace abstracción de la diferencia? Si toda lesión de la propiedad, sin diferencia, sin determinación más precisa, es robo, ¿no sería toda propiedad privada un robo?» [8]

Mutato nomine, de te fabula narratur! Como ha escrito Daniel Bensaïd, la lectura de los artículos de Marx adquiere hoy «una extraña actualidad [y plantea] el problema de la distinción entre el descubrimiento e invención y el de su interpretación jurídica. ¿Es posible privatizar una idea, teniendo en cuenta que en el fondo un programa informático no es más que un elemento de la lógica aplicada, es decir, una parcela de trabajo intelectual muerto acumulado? Según esta lógica de apropiación privatizadora, ¿nos atreveríamos a patentar incluso las matemáticas para someterlas al derecho de propiedad?»

«La socialización del trabajo intelectual comienza desde la práctica de lenguaje, el cual constituye, indiscutiblemente y hasta que se demuestre lo contrario, un bien común de la humanidad no privatizable. Lo cual no impide que los actuales conflictos en torno al derecho de propiedad intelectual tiendan a sacudir al derecho liberal clásico y su legitimación de la propiedad por el trabajo».

«[…] Estos rompecabezas filosófico-jurídicos son fruto de las contradicciones, cada vez más explosivas, entre la socialización del trabajo intelectual y la apropiación privada de ideas, por una parte; entre el trabajo abstracto, cuyo sostén es la medida mercantil, y el trabajo concreto difícilmente cuantificable que desempeña un rol creciente en el proceso de trabajo complejo, por otra parte» [9].

El actual debate en España en torno a la propiedad intelectual (lances similares los hay en Francia o Alemania) puede saldarse con un avance para los derechos de creadores e intelectuales, siguiendo el modelo brasileño, o en el del moderno “cercado” de la antigua propiedad comunal en beneficio de los intereses empresariales. Si “ministro” proviene del latín minister ('servidor', 'criado', 'subordinado', 'agente'), y en su uso en las modernas democracias pues, “subordinado de la ciudadanía”, entonces comprobaremos dentro de poco de quién es ministra Ángeles González-Sinde y su equipo.

Notas

[1] “Mozart vivía en la miseria por no tener derechos de autor”, Público, 5 de noviembre de 2009.

[2] Lawrence Lessig. Por una cultura libre. Cómo los grandes grupos de comunicación utilizan la tecnología y la ley para clausurar la cultura y controlar la creatividad (Madrid, Traficantes de Sueños, trad. de Antonio Córdoba), p. 103 y ss.

Sobre los libreros, comenta Lessig haciéndose eco de Milton:
 
«Los libreros nos parecen pintorescos e inofensivos. A la Inglaterra del siglo XVIII no le parecían inofensivos. Los miembros del Conger eran vistos cada vez más como monopolistas de la peor especie –instrumentos de la represión de la Corona, vendiendo la libertad de Inglaterra para garantizarse los beneficios de un monopolio. Los ataques contra estos monopolios fueron muy agrios».

«Milton los describió como “viejos dueños de patentes y monopolizadores del negocio de los libros”; eran “hombres que por tanto no trabajan en una profesión honrada a la cual se debe el conocimiento»
.

[3] José-María Durán, Hacia una crítica de la economía política del arte (Madrid, Plaza y Valdés, 2008), p. 174

[4] Para algunos ejemplos, véase Àngel Ferrero, “Por qué Wikipedia”, Sin Permiso, 15 de octubre de 2007; Lawrence Liang, “El copyright en blanco y negro (y gris)”, Sin Permiso, 11 de noviembre de 2007, trad. Àngel Ferrero

[5] Lawrence Lessig, op. cit., p. 100.

[6] Karl Marx. Los debates de la Dieta Renana (Madrid, Gedisa, trad. de Juan Luis Vermal y Antonia García), pp. 26-27

[7] Karl Marx, op. cit., p. 29

[8] Íbid., p. 30

[9] Daniel Bensaïd, “Marx y el robo de leña. Del derecho consuetudinario de los pobres al bien común de la humanidad”, Posfacio a Karl Marx. Los debates de la Dieta Renana (Madrid, Gedisa, trad. de Juan Luis Vermal y Antonia García), pp. 120-121.

Àngel Ferrero es licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente realiza el doctorado en esa misma universidad y escribe artículos de crítica cultural en la revista Sin Permiso.

Fuente: Sin Permiso

domingo, 20 de septiembre de 2009

¿Qué se esconde tras la campaña mediática sobre la violación y el incesto?

Por Bruno Matapay

Grandes titulares de prensa anuncian que, en Australia, un hombre secuestró y violó durante 30 años a su hija. De esas relaciones incestuosas nacieron cuatro hijos.


Este incidente recuerda al de Josef Fritzl en Austria, quien secuestró a su hija durante 24 años, engendrando siete hijos. Historias sórdidas que se suman al descubrimiento reciente de Jaycee Lee Dugard en California, 18 años después de su rapto. Secuestrada durante ese tiempo, dio a luz a dos hijos del tipo que la violó y redujo a la esclavitud.


Colombia no es extraña a este fenómeno. Fue noticia, por ejemplo, que el campesino Arcedio Álvarez Quintero, llamado "el monstruo de Mariquita", había violado a su hija desde hacía décadas y tuvo ocho hijos con ella.


El tratamiento sensacionalista que dan a estos casos los medios de comunicación burgueses hacen creer que el horror y la barbarie son completamente irracionales. Pero no existen hechos descontextualizados: estos actos son producto del fascismo que el capitalismo nutre en su seno. En todos estos casos, la sevicia contra los menores se ha desarrollado durante años en medio de la indiferencia general de los vecinos, de los testigos, y de la negligencia de las autoridades.


El patriarcado cotidiano revela plenamente su carácter monstruoso en estos casos de crueldad extrema. En el capitalismo, el horror es banalizado, pues los individuos se aislan "herméticamente" unos de otros mientras los lazos sociales se rompen. Estos crímenes manifiestan voluntad de dominación, brutalidad patriarcal, potencia reproductora, multiplicación de la raza, ley del más fuerte e individualismo... los ingredientes innegables del fascismo.


Los fascistas dividen a la humanidad entre los "fuertes" y los "débiles", éstos últimos condenados al ostracismo, la tortura, la humillación y la destrucción de su humanidad. El fascismo es un océano de frustración patriarcal y nihilista donde los "fuertes" imponen su dominación abyecta.


El torturador Fritzl culpó de sus horribles crímenes al nazismo, así como Natasha Kampusch, otra víctima de secuestro en Austria, lo que no ha impedido a los fascistas proclamar que Fritzl es judío, retomando el viejo tema del antisemitismo.


En Colombia, la extrema derecha también hace campaña agitando la bandera de la protección de la infancia. En este sentido se viene impulsando un referendo que busca que la ley castigue con cadena perpetua a los violadores de los menores de edad. Iniciativa, entre otros, del fiscal general Mario Iguarán Arana; el Procurador General de la Nación, Edgardo Maya Villazón; la concejala de Bogotá, Gilma Jiménez; los congresistas David Luna y Simón Gaviria, y los medios de comunicación monopólicos, que no desperdician ocasión de promoverla a diario.


La ley que se propone busca castigar, además, a quienes asesinen, secuestren o recluten a menores de edad en grupos insurgentes, metiendo en un mismo saco diversos delitos y proponiendo una pena que a todas luces viola los principios de la dignidad humana, particularmente en un contexto como el colombiano, donde la Justicia, reza el dicho popular, "es para los de ruana", mientras los mayores criminales gozan de toda suerte de privilegios. Para la muestra un botón: los soldados yanquis y mercenarios que abusan de niñas en Colombia gozan de impunidad.


Es la doble moral de la sociedad burguesa y patriarcal. O si no, que lo digan las víctimas de los curas pederastas, defendidos a capa y espada por la corrupta jerarquía católica, que sin embargo, se opone al aborto aun en casos de violación o de riesgos inminentes a la salud de las madres.


Y frente a esta problemática, ¿dónde están las voces del movimiento popular colombiano? Mientras Gilma Jiménez, David Luna y Simón Gaviria mojan prensa mañana, tarde y noche; no se pronuncian públicamente las mujeres del pueblo ni sus organizaciones, permitiendo que el fascismo avance como "solución final" para tranquilidad de los angustiados padres de familia, aterrorizados por el sensacionalismo grosero de diarios y noticieros.


Es hora de tomar en serio la amenaza que supone esta campaña de intoxicación mental, y descubrir las raíces sociales de la violencia sexual, para llegar a las verdaderas soluciones que requiere la sociedad, lejos de las fórmulas irracionales de la "seguridad democrática". Por un país decente.

viernes, 3 de abril de 2009

Filmes de denuncia en Festival de Buenos Aires

"Let's make Money", una película del austríaco Edwin Wagenhofer, y "Food Inc", del estadounidense Robert Kenner, son dos duras denuncias contra el sistema financiero global y la industria alimenticia norteamericana, que pueden verse en el Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) en curso en Buenos Aires.




El filme de Wagenhofer, de 107 minutos, da la palabra a quienes hacen circular el dinero en las redes financieras, en los paraísos fiscales, y los contrapone con la realidad de la pobreza en África y Asia. Claro está que el filme fue terminado en 2008 y los gurúes que allí se refieren a los "beneficios de la globalización" financiera no llegan a responder acerca de la crisis económica que hoy afecta al mundo y que impactará en peor medida en los países más empobrecidos. "Let's make Money" se pregunta dónde está el dinero que el cliente deposita en el banco o en el fondo de pensiones porque, asegura, no se encuentra en el lugar en el que lo dejó. "Es posible que su pensión esté en uno de nuestros negocios porque los gerentes de pensiones quieren las mejores oportunidades alrededor del mundo", dice un hombre de negocios que desde Singapur maneja una empresa de inversiones en los países en desarrollo.

También afirma que allí se paga una tasa más baja porque el país quiere convertirse en un centro de finanzas.

Imágenes de lingotes de oro, de cómo se hacen, son la contracara de trabajadores de ambos sexos golpeando la piedra en las canteras africanas u hombres, mujeres y niños tirados en las calles indias.

Este documental realiza un planteo similar al precedente de Wagenhofer, "We feed the World", de 2005, que expone lo oculto de la industria de la alimentación.



Justamente, ese es el tema central de la película de Kenner, quien pone al descubierto el funcionamiento del sistema alimenticio de Estados Unidos que, sostiene, está manejado por un puñado de empresas.

"Incluso si no comes en un negocio de comida rápida no comes carne fuera del sistema", advierte. Toda la película es una advertencia y una denuncia que busca crear conciencia en el consumidor a través de imágenes horrendas, por ejemplo de la producción de pollos, o mediante una madre cuyo hijo murió por contraer la bacteria del E-coli al ingerir una hamburguesa.

Kenner incursiona en las granjas y en las compañías para mostrar una cadena muy poderosa, con funcionarios que antes ocuparon cargos centrales en sus empresas, que deciden lo que los estadounidenses comen y cuyo objetivo es obtener menores costos de producción y mejores beneficios económicos. Según Kenner, la corporación McDonald's es el mayor proveedor de carne, papas, cerdo y manzanas en el país, donde las supervisiones de alimentos se han ido reduciendo drásticamente.

De acuerdo con el filme, de 94 minutos, cientos de mataderos de diversas empresas cerraron y sólo en unos pocos se concentra el ganado de todos los productores, que son controlados para producir más rápido y a menores costos. ¿Quién podría saber entonces de dónde proviene la carne que tiene E-coli? El documental se refiere también a la incursión de Monsanto en el mercado norteamericano con su soya transgénica. "En 1996, cuando Monsanto comenzó a vender el Round Up Ready (herbicida glifosato), sólo el 2% de la soya en Estados Unidos contenía su gen patentado. Para 2008, más del 90% de la soya en Estados Unidos contenía el gen patentado de Monsanto", explica el filme.

Es que Monsanto creó el herbicida y la semilla de soya genéticamente modificada para soportarlo. Entonces la empresa cobra por esa patente y, dice el filme, investiga a los productores para que no guarden semillas destinadas a la siembra siguiente, al tiempo que persiguen a quienes no decidieron plantar sus productos. El documental sostiene que trabajadores, animales y plantas son maltratados por este sistema que, afirma, contrata inmigrantes ilegales porque les paga poco y no están en condiciones de denunciar lo que ven. Contrapone todo ello a un productor orgánico de pollos y ganado ovino y porcino, quien tiene un negocio muy rentable, y un productor de lácteos orgánico, quien logró instalar sus productos en las cadenas de supermercados más grandes, como Wall Mart.

Ambas películas integran la sección más política del festival, La Tierra Tiembla.

El BAFICI está en curso hasta el domingo, con más de 400 películas en más de 20 salas de Buenos Aires. (ANSA).