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miércoles, 28 de abril de 2010

Absorbidos por el poder

Helen Groome
Geógrafa


Cuántos términos y conceptos han sido absorbidos por los poderes, sobre todo los económicos, a lo largo de los años? Conceptos que mimábamos, reivindicábamos y por los cuales luchábamos. Ser ambientalista hace unas décadas era ser marginal y, sin embargo, hoy día muchas empresas proclaman como «ambientales» productos de limpieza, vehículos, casas... bienes de cualquier tipo cuyas ventas pueden beneficiarse del adjetivo «ambiental». Lo mismo nos ha pasado con términos como «sustentable», «bio», «verde» y «ecológico».

El último en caer en esta conversión de las exigencias de la gente en herramienta mercantil es el «comercio justo». Los objetivos y mecanismos del comercio justo siempre han tenido un eje de polémica, pero a nivel social se logró una cierta conciencia de que podría ser un mecanismo con que el mercado «tratase mejor» a poblaciones de provisión de bienes del Sur frente a la rapiña, insolidaridad e ignorancia de algunas franjas de las poblaciones consumidoras del Norte y el deseo de conseguir bienes de manera «justa» de otras.

Como denuncia la organización catalana Xarxa de Consum Solidari, la multinacional Starbucks ha lanzado recientemente la comercialización del 100% de su café Espresso en el estado español como café de comercio justo. Pregunta Xarxa si realmente podemos encontrar comercio justo en Starbucks, ya que la «justicia» social, comercial, ecológica y económica de dicha empresa brilla por su ausencia. Como denuncia Xarxa, en 2006 Starbucks intentó patentar una de las mejores variedades de café etíope, Sidamo; o sea, privatizar y usurpar un bien común (piratería que se evitó gracias a la movilización social internacional).

Starbucks es la marca que anima a las tropas estadounidenses al combate en Iraq, Afganistán y Kuwait, y en su página web dice: «proporciona café para aliviar los esfuerzos [de los soldados] en tiempos de conflicto»; en los EEUU, Starbucks apoya las personas partidarias de llevar armas de fuego en los espacios públicos y permite la entrada de clientes armados en sus cafeterías. El espíritu mismo de esta empresa indica que su comercio nunca será «justo», sino que cualquier intento que haga en este sentido será simplemente una tapadera de sus miserias habituales.

El caso de Nestlé es parecido. Hace poco logró el distintivo del «comercio justo» para su chocolatina Kit Kat debido a sus acuerdos con el campesinado del cacao (Costa de Marfil) y azúcar (Belice), algo que le interesa mucho a Nestlé, teniendo en cuenta que vende un billón de Kit Kats cada año sólo en Inglaterra. Pero el historial de Nestlé dificulta su encaje en el concepto de «justo» y, una vez más, parece que juega con el término en algunas operaciones comerciales para así tapar enormes injusticias en otras.

¿A por qué concepto irán ahora? Por si acaso, y anticipándonos... señores y señoras de los poderes económicos, hagan lo que hagan, nunca harán un acto de soberanía alimentaria. Ni lo intenten. La incompatibilidad es total.

Fuente: Gara

viernes, 3 de abril de 2009

Filmes de denuncia en Festival de Buenos Aires

"Let's make Money", una película del austríaco Edwin Wagenhofer, y "Food Inc", del estadounidense Robert Kenner, son dos duras denuncias contra el sistema financiero global y la industria alimenticia norteamericana, que pueden verse en el Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) en curso en Buenos Aires.




El filme de Wagenhofer, de 107 minutos, da la palabra a quienes hacen circular el dinero en las redes financieras, en los paraísos fiscales, y los contrapone con la realidad de la pobreza en África y Asia. Claro está que el filme fue terminado en 2008 y los gurúes que allí se refieren a los "beneficios de la globalización" financiera no llegan a responder acerca de la crisis económica que hoy afecta al mundo y que impactará en peor medida en los países más empobrecidos. "Let's make Money" se pregunta dónde está el dinero que el cliente deposita en el banco o en el fondo de pensiones porque, asegura, no se encuentra en el lugar en el que lo dejó. "Es posible que su pensión esté en uno de nuestros negocios porque los gerentes de pensiones quieren las mejores oportunidades alrededor del mundo", dice un hombre de negocios que desde Singapur maneja una empresa de inversiones en los países en desarrollo.

También afirma que allí se paga una tasa más baja porque el país quiere convertirse en un centro de finanzas.

Imágenes de lingotes de oro, de cómo se hacen, son la contracara de trabajadores de ambos sexos golpeando la piedra en las canteras africanas u hombres, mujeres y niños tirados en las calles indias.

Este documental realiza un planteo similar al precedente de Wagenhofer, "We feed the World", de 2005, que expone lo oculto de la industria de la alimentación.



Justamente, ese es el tema central de la película de Kenner, quien pone al descubierto el funcionamiento del sistema alimenticio de Estados Unidos que, sostiene, está manejado por un puñado de empresas.

"Incluso si no comes en un negocio de comida rápida no comes carne fuera del sistema", advierte. Toda la película es una advertencia y una denuncia que busca crear conciencia en el consumidor a través de imágenes horrendas, por ejemplo de la producción de pollos, o mediante una madre cuyo hijo murió por contraer la bacteria del E-coli al ingerir una hamburguesa.

Kenner incursiona en las granjas y en las compañías para mostrar una cadena muy poderosa, con funcionarios que antes ocuparon cargos centrales en sus empresas, que deciden lo que los estadounidenses comen y cuyo objetivo es obtener menores costos de producción y mejores beneficios económicos. Según Kenner, la corporación McDonald's es el mayor proveedor de carne, papas, cerdo y manzanas en el país, donde las supervisiones de alimentos se han ido reduciendo drásticamente.

De acuerdo con el filme, de 94 minutos, cientos de mataderos de diversas empresas cerraron y sólo en unos pocos se concentra el ganado de todos los productores, que son controlados para producir más rápido y a menores costos. ¿Quién podría saber entonces de dónde proviene la carne que tiene E-coli? El documental se refiere también a la incursión de Monsanto en el mercado norteamericano con su soya transgénica. "En 1996, cuando Monsanto comenzó a vender el Round Up Ready (herbicida glifosato), sólo el 2% de la soya en Estados Unidos contenía su gen patentado. Para 2008, más del 90% de la soya en Estados Unidos contenía el gen patentado de Monsanto", explica el filme.

Es que Monsanto creó el herbicida y la semilla de soya genéticamente modificada para soportarlo. Entonces la empresa cobra por esa patente y, dice el filme, investiga a los productores para que no guarden semillas destinadas a la siembra siguiente, al tiempo que persiguen a quienes no decidieron plantar sus productos. El documental sostiene que trabajadores, animales y plantas son maltratados por este sistema que, afirma, contrata inmigrantes ilegales porque les paga poco y no están en condiciones de denunciar lo que ven. Contrapone todo ello a un productor orgánico de pollos y ganado ovino y porcino, quien tiene un negocio muy rentable, y un productor de lácteos orgánico, quien logró instalar sus productos en las cadenas de supermercados más grandes, como Wall Mart.

Ambas películas integran la sección más política del festival, La Tierra Tiembla.

El BAFICI está en curso hasta el domingo, con más de 400 películas en más de 20 salas de Buenos Aires. (ANSA).